EN EL SILENCIO DEL VOLCÁN 9.-
Eran pequeños, blancos como dientes de un niño,
sabrosos fresa y menta, el sabor a lo lejos,
y las gracias por ese regalo sin venirnos a cuento,
por esos que lucharon no hacía mucho tiempo
por nuestra libertad contra aquellos demonios.
No sé si es bueno o no volver a los recuerdos
ya borrados al tiempo, habiendo desandado
a días de la infancia masticando los chicles
de los americanos venidos a la España
que otros destrozaron.
No importa mucho ahora quienes fueron los otros,
Los otros fueron otros para otros que fueron
desandando veredas, hoy sembradas de muertos
que desean revivir con los odios de antaño.
Pero el niño era yo sin saber mucho de otros,
los de un lado o de otro lugar de mi inocencia,
y sigo aún esperando un abrazo rotundo,
profundo para ambos, el intento se hizo,
millones lo firmaron unos de puño y letra,
otros de lo profundo del deseo de amor
y deseo de olvidar el daño que el dolor
hizo hundirse en las almas.
Hoy escribo cuartillas, las del racionamiento,
aun guardo las cartillas las que usaron mis padres
cambiando libertad por cualquier alimento,
hoy rebusco en basuras como buscaba antes de los chicles de infancia,
esta vez la esperanza se pierde en horizontes.
Los pañuelos buscan ahora bolsillos donde esconder las lagrimas
y viejas profecías vuelven a hacer historia, esperemos que un día
se haya olvidado todo y los niños mastiquen chicles de libertad
con un futuro cierto sembrado ya sin odios.
Chema Muñoz©