En 1999, once vecinos mayores de Beacon Hill, en Boston, se reunieron y decidieron: "no nos vamos a ningún lado". A lo largo del año siguiente, convirtieron esa frase en una organización sin fines de lucro —Beacon Hill Village, fundada en 2001, que recibió a sus primeros socios en 2002—. Los socios pagan una cuota anual a cambio de un principio: "una sola llamada lo resuelve todo" —traslados, reparaciones en casa, acompañamiento a citas médicas, ayuda con el teléfono, todo organizado por la entidad—; los servicios que quedan fuera de la cuota los prestan proveedores verificados, a precio de descuento. Una guía de recursos de Massachusetts de 2017 registraba las tarifas de entonces —675 dólares al año para un individuo, 975 dólares para una unidad familiar—, con un nivel aparte según ingresos, de 100 dólares al año. En enero de 2010, Beacon Hill Village se asoció con la organización de finanzas comunitarias NCB Capital Impact, respaldada por una subvención de 250.000 dólares de la Fundación MetLife, para escalar el modelo a nivel nacional: la Village to Village Network (VtVN). La VtVN no es dueña ni certifica ninguna de sus Villages; se limita a cuatro tareas: una guía de puesta en marcha, mentoría uno a uno, un encuentro nacional anual, y la incidencia a nivel de políticas públicas y financiación. En 2025, la VtVN se asoció con la Universidad Rutgers para un censo nacional: respondieron 245 Villages en 37 estados (incluido el Distrito de Columbia), con una tasa de respuesta del 88 %, y más de 50.000 personas mayores participantes; el transporte, los recados y la ayuda técnica fueron los tres servicios más solicitados.
Esta red también tiene sus puntos débiles. El informe de AARP de 2022 encontró una composición de socios sorprendentemente homogénea —cerca de 95,7 % blancos, alrededor de siete de cada diez mujeres, un 74 % con ingresos familiares superiores a 50.000 dólares, y solo cerca de un 11 % de socios no blancos—; estudios con grupos focales señalan una comprensión cultural insuficiente, tensiones comunitarias y un clima antiinmigrante como las principales barreras. En lo financiero, una Village gana en promedio 115.000 dólares al año, el 44 % proveniente de las cuotas de los socios y el 22 % de donaciones individuales, mientras que las subvenciones o contratos gubernamentales representan solo el 5 % —estos servicios no médicos no pueden convertirse en contrato gubernamental ni ser reembolsados por un seguro—, y en una encuesta de 2013, el 60,3 % de las Villages señaló la recaudación de fondos como un reto principal para los siguientes cinco años. En cuanto al personal, cada Village que presta servicios funciona gracias a voluntarios; el 27 % de las Villages no tiene ningún empleado remunerado, y cerca del 40 % de los socios también hace de voluntario —quienes prestan el servicio y quienes lo reciben suelen ser de la misma generación—, que es exactamente lo que preocupa a un artículo de 2025 de la Sociedad Estadounidense sobre el Envejecimiento: la capacidad de una Village se detiene básicamente en el transporte, los recados y la compañía, sin poder todavía atender a los "muy mayores" que necesitan servicios de salud y sociales profesionales. En el plano tecnológico, el sitio web de la VtVN y su primera Village usan cada uno un software genérico de gestión de socios distinto (ClubExpress y Helpful Village, respectivamente), y cada Village es una instancia independiente cuyos datos permanecen locales —el precio de esa autonomía, según un estudio de RAND de 2024, es que "la capacidad de recopilar y reportar datos está seriamente limitada".