“Veréis—dijo Jesús, — al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” En estas palabras, Jesús presentó el reverso de la escena que estaba teniendo lugar. Él, el Señor de la vida y la gloria, estaría sentado a la diestra de Dios. Él sería el juez de toda la tierra, y de su decisión no podría haber apelación. Entonces cada cosa secreta estaría expuesta a la luz del rostro de Dios, y se pronunciaría el juicio sobre todo hombre, de acuerdo con sus obras.