¿Cuántas veces nos hemos quedado en lugares, relaciones o situaciones solo por miedo, por costumbre o por no saber cómo soltar? A veces creemos que quedarnos es sinónimo de fidelidad, cuando en realidad puede ser una forma de negarnos a crecer. Pero Dios, en Su amor, no nos encierra. Él no nos empuja con culpa ni nos retiene con miedo. Él guía con ternura, con propósito y con libertad.