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Pedro Sánchez ha comparecido para hacer balance del curso político dibujando un país que solo existe en su relato. Mientras los incendios obligan a miles de personas a abandonar sus hogares y arrasan nuestros montes, el presidente ha aprovechado la tragedia para insistir en un discurso que atribuye todos los males al cambio climático y a quienes discrepan de sus planteamientos ideológicos. Hoy ha vuelto a prometer unos recursos similares a los que prometió el año pasado para prevenir los incendios. Desde entonces, muchas consignas y ningún recurso de los prometidos. Esa es la descorazonadora realidad que explica el recibimiento que los vecinos dan al presidente cada vez que se acerca a una zona en llamas.
El balance económico ofrecido por Sánchez también contrasta con la experiencia cotidiana de muchas familias. Los datos macroeconómicos pueden reflejar crecimiento y creación de empleo, pero millones de españoles siguen afrontando dificultades para acceder a una vivienda, llenar la cesta de la compra o llegar a fin de mes. En ese mismo ejercicio de autocomplacencia, Sánchez ha vuelto a cerrar filas en torno a su entorno más cercano apelando a la presunción de inocencia, un principio irrenunciable en un Estado de Derecho, pero sin responder a los graves interrogantes que plantean las investigaciones judiciales que afectan a personas de su máxima confianza. En los mundos de Sánchez, todo parece avanzar en la dirección correcta, pero fuera de ellos la realidad es tozuda: hay más corrupción, más ciudadanos preocupados por su economía, más desgaste institucional y más desafección de mucha gente que ya no aguanta más.
By COPEPedro Sánchez ha comparecido para hacer balance del curso político dibujando un país que solo existe en su relato. Mientras los incendios obligan a miles de personas a abandonar sus hogares y arrasan nuestros montes, el presidente ha aprovechado la tragedia para insistir en un discurso que atribuye todos los males al cambio climático y a quienes discrepan de sus planteamientos ideológicos. Hoy ha vuelto a prometer unos recursos similares a los que prometió el año pasado para prevenir los incendios. Desde entonces, muchas consignas y ningún recurso de los prometidos. Esa es la descorazonadora realidad que explica el recibimiento que los vecinos dan al presidente cada vez que se acerca a una zona en llamas.
El balance económico ofrecido por Sánchez también contrasta con la experiencia cotidiana de muchas familias. Los datos macroeconómicos pueden reflejar crecimiento y creación de empleo, pero millones de españoles siguen afrontando dificultades para acceder a una vivienda, llenar la cesta de la compra o llegar a fin de mes. En ese mismo ejercicio de autocomplacencia, Sánchez ha vuelto a cerrar filas en torno a su entorno más cercano apelando a la presunción de inocencia, un principio irrenunciable en un Estado de Derecho, pero sin responder a los graves interrogantes que plantean las investigaciones judiciales que afectan a personas de su máxima confianza. En los mundos de Sánchez, todo parece avanzar en la dirección correcta, pero fuera de ellos la realidad es tozuda: hay más corrupción, más ciudadanos preocupados por su economía, más desgaste institucional y más desafección de mucha gente que ya no aguanta más.