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El miedo no siempre significa que estamos tomando el camino equivocado; muchas veces aparece precisamente cuando estamos delante de algo importante. En este examen miraremos nuestros miedos junto a Jesús, preguntándonos qué hay detrás de ellos, qué tememos perder y si están protegiéndonos de un peligro real o impidiéndonos dar un paso hacia una vida más plena y libre.
No todo lo que escuchamos dentro de nosotros viene del mismo lugar. Hay palabras, expectativas y pensamientos que se han ido quedando en nuestro interior, y en medio de ellos necesitamos aprender a reconocer la voz de Dios. Esta noche observaremos no sólo qué dicen esas voces, sino hacia dónde nos llevan, para ir familiarizándonos poco a poco con la manera en que Jesús habla al corazón.
Hay deseos pasajeros y otros que permanecen, nos hacen sentir más vivos y parecen revelar algo profundo de quienes somos. En este examen nos detenemos delante de Jesús y dejamos resonar su pregunta: “¿Qué buscas?”, para aprender a reconocer nuestros deseos más hondos y permitir que Dios los purifique, los ordene y nos hable también a través de ellos.
El discernimiento comienza antes de buscar respuestas: comienza aprendiendo a mirar. En este primer episodio hacemos silencio para reconocer qué está sucediendo dentro de nosotros, qué inquietudes aparecen y qué preguntas vuelven una y otra vez. No se trata todavía de entenderlas ni resolverlas, sino de ponerlas delante de Dios y comenzar a decir con Samuel: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.
Hay preguntas que vuelven una y otra vez al corazón: ¿qué quiere Dios de mí?, ¿cómo sé si voy por el camino correcto?, ¿y si me equivoco?, ¿y si deseo algo que no es para mí?
En esta temporada recorreremos juntos el camino del discernimiento vocacional: los deseos profundos, las voces que habitan el corazón, los miedos, la historia personal, las heridas, la libertad, las decisiones y las invitaciones de Dios. No para encontrar respuestas rápidas, sino para aprender a escuchar.
A veces vivimos buscándonos a nosotras mismas, intentando entender quiénes somos o dónde está nuestro lugar. Esta noche recordaremos una verdad consoladora: antes de encontrarte tú, ya habías sido encontrada por Dios. Él te conoce, te busca y sale continuamente a tu encuentro allí donde estás.
Después del camino recorrido, llega el momento de soltar, confiar y reposar. Porque también la feminidad encuentra su plenitud cuando aprende a descansar en Dios.
La gratitud transforma la manera de mirar la vida y también la manera de mirarnos a nosotras mismas. Hoy terminaremos el día reconociendo el bien recibido.
Con nuestra historia, nuestro cuerpo, nuestras heridas y nuestros límites. Esta noche será una invitación a vivir más reconciliadas con nosotras mismas.
Vivimos rodeadas de mensajes que nos hacen sentir que siempre falta algo más. Hoy aprenderemos a descansar en la certeza de que, en Dios, ya somos suficientes.
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