Pero cuando todo parecía perdido, cuando ya no había más a donde mirar, cuando las derruídas paredes de su hacinamiento en esclavitud eran las únicas testigos de su angustia, Dios oyó.
Cada vez más, ley tras ley aprobada o en proceso de aprobación contradice la verdad de las Escrituras y compromete nuestros valores como cuerpo de Cristo.