Mírame bien, no nací para el molde,
nací para el golpe,
para romper lo que otros rezan
aunque me sangre el nombre.
Traigo la noche en la nuca,
la rabia en el cobre,
si el mundo es un circo de máscaras,
yo soy el fuego que lo corroe.
[Verso 1]
Vengo del borde del borde, del barro, del dardo, del cuarto cerrado,
de hablar con mis monstruos a oscuras y verlos salir educados.
De haberme tragado la furia, la culpa, el orgullo oxidado,
de entrar a la guerra sonriendo, aunque ya me sintiera quebrado.
¿Quién va a decirme hasta dónde?
¿Quién va a explicarme el desastre?
Si tuve la fe en la boca
y al mismo tiempo el impulso cobarde de hundirme en mi own… no,
de hundirme en mi sombra,
de hacerme pedazos,
juntar los escombros,
vestirme de calma, salir a la calle y fingir que estoy hondo pero manso.
Nunca fui manso.
Fui un animal con diploma de santo,
un bisturí con temblor en la mano,
un misil aprendiendo a rezar en voz baja pa no hacer espanto.
Yo vi cómo el miedo se sienta en la mesa,
se sirve mi pan, me pronuncia la deuda,
me dice “te queda”,
yo digo “me sobra”,
me clavo en la herida y la vuelvo una rueda.
Porque yo no escribo pa darles consuelo,
yo escribo pa abrir el cemento del suelo,
pa hablar con el niño que fui cuando el cielo
parecía un juicio colgando del techo.
Y sigo de pie, sí, pero no intacto,
sigo respirando, pero no ileso,
soy la contradicción con pulso exacto,
una catedral de ruido por dentro.
[Pre-Coro]
No me hables de paz
si no viste mi guerra.
No me hables de luz
si no ardí bajo tierra.
Lo mío no es pose,
lo mío es secuela.
Aprendí a hacer himnos
con la boca llena de arena.
[Coro]
Yo caí, me alcé, me rompí, me armé,
con la rabia cosida a la piel.
No pedí perdón, no busqué aprobación,
hice un trono en mitad del papel.
Si me ves venir, es porque sobreviví
a lo mismo que me quiso vencer.
No nací pa encajar, nací pa incendiar
todo el miedo que me hizo correr.
[Verso 2]
Tengo el pulmón con hollín y un reloj enterrado en la lengua,
cada segundo que vivo lo arranco del cuello a la pena.
No me dieron camino: me dieron paredes,
por eso aprendí a pasar como quiebran los trenes.
Con ruido en los dientes,
con hambre en las sienes,
con bronca elegante pa hablar de la muerte sin darle el placer de que reine.
Míralos, quieren versión domesticada,
quieren mi caos en formato de balada,
quieren al lobo peinado, sin rabia,
quieren la sangre, pero desinfectada.
Y no.
Yo soy el error que no entró en su vitrina,
la voz que se agrieta y aun así desafina
tan alto que obliga a mirar la cocina
donde el alma se quema y se sirve encendida.
Tuve días de nudo en la tráquea,
noches con pólvora atrás de la espalda,
ganas de huir de mi propia mecánica,
de hacerme silencio, volverme fachada.
Pero agarré cada crisis, le puse compás,
la hice rimar con mi rabia,
volví munición lo que quiso matarme
y ahora mi ruina me cuida la espalda.
No soy ejemplo.
Soy evidencia.
De que a veces la fuerza se ve como demencia.
De que a veces el arte no salva: sentencia.
Y aun así lo elegimos
porque al menos convierte el dolor en presencia.
[Puente]
Si quieren al monstruo, aquí tienen el rostro.
Si quieren el templo, aquí cargo los escombros.
Si quieren verdades, no traigan adornos:
yo vengo de arder,
por eso alumbro.
[Coro]
Yo caí, me alcé, me rompí, me armé,
con la rabia cosida a la piel.
No pedí perdón, no busqué aprobación,
hice un trono en mitad del papel.
Si me ves venir, es porque sobreviví
a lo mismo que me quiso vencer.
No nací pa encajar, nací pa incendiar
todo el miedo que me hizo correr.
[Outro]
Ahora escuchá bien:
no todos los que tiemblan están derrotados.
A veces el pulso más roto
es el que sostiene el disparo.
Yo no vine a gustarte.
Vine a dejarte la verdad en la mano.
Y si el mundo me quiso de rodillas,
aprendió demasiado tarde
que yo rapeo mejor
cuando estoy incendiado.