La persona de Jesús es el principal motivo para la adoración que rendimos a Dios.
Esta exposición pone la mira en el Hijo, de quien dice la Palabra, es "el resplandor de la gloria de Dios, y la imagen misma de su sustancia".
Así, el conocido nos deja ver la gloria del desconocido Dios del universo; disfrutemos, pues de la generosidad de la Palabra y unámonos a la adoración de Dios, desde la persona Jesucristo, nuestro Dios y salvador.
¡A Él sea la gloria!