El Domingo de Ramos marca el inicio de la semana más importante de la historia. Mateo nos relata un momento de contraste asombroso: el Rey de reyes no llega en un carruaje de oro ni montado en un caballo de guerra, sino sobre un pollino, un animal de carga y de paz.
Al acercarse a Jerusalén, la ciudad se estremeció. La multitud, cansada de la opresión y sedienta de esperanza, extendió sus mantos en el camino y cortó ramas de los árboles para alfombrar Su paso. El aire se llenó de un grito que aún resuena hoy: "¡Hosanna!", que significa "Sálvanos ahora".
Jesús no entró para conquistar un palacio de piedra, sino para conquistar el corazón de la humanidad. Fue aclamado como el Hijo de David, el Profeta de Nazaret, cumpliendo paso a paso lo que Dios había prometido siglos atrás. Hoy, al recordar los ramos, no solo celebramos un desfile antiguo, sino que le damos la bienvenida a aquel que viene en el nombre del Señor para traernos la verdadera libertad.