Tuve la sorpresa de que un coach me regalara su medalla de primer lugar que había ganado junto con su equipo de Basketball, al preguntarle el porqué me la regalaba me hizo comprender mejor mi misión: Me la regalaba porque era un gesto de agradecimiento por haber estado siempre orando antes de cada partido con el equipo, por siempre haber estado allí animando y dando ánimos a pesar de ir perdiendo y tenerla difícil, por ser ese “coach espiritual”; al final eso es lo que Dios nos pide hacer, estar siempre presente en la vida de los que nos ha confiado, ser incondicional para ellos , estar siempre con ellos, en las buenas y en las malas, apoyar, animar, dar fuerza y aliento a los demás, ser ese coach espiritual que está detrás de la vida de las personas, orando, alentando y ayudando a mejorar a los demás para este “juego” de la vida.