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Hoy en Encuentros, el espacio para hablar de espacios, caminamos junto a Enric Munar, profesor de Psicología e investigador en cognición y evolución humana, con el que hablaremos sobre la neuroestética, una disciplina que estudia por qué ciertos estímulos nos resultan agradables desde una perspectiva científica. Aunque el término es reciente, sus raíces están en la estética experimental del siglo XIX. Munar prefiere hablar de estética empírica, centrada en estudiar la subjetividad del gusto sin necesariamente buscar aplicaciones prácticas inmediatas.
Una parte clave de su trabajo es distinguir entre estética y arte. Mientras el arte puede tener componentes estéticos, la estética se refiere más ampliamente a lo que nos agrada o desagrada, ya sean objetos, personas o espacios. Su investigación ha revelado una tendencia general a preferir los contornos curvos sobre los angulosos, una inclinación que aparece incluso en otras especies y culturas muy diversas, y que podría tener un origen evolutivo relacionado con la naturaleza.
Esta preferencia tiene implicaciones importantes en arquitectura. Aunque la mayoría de las ciudades se construyen con líneas rectas por motivos prácticos y económicos, las formas curvas parecen generar mayor bienestar. Esto conecta con la idea de la biofilia, que plantea que los humanos necesitamos entornos que evoquen la naturaleza para reducir el estrés y restaurar la atención. Según Munar, aunque estos hallazgos aún no se han trasladado del todo a la práctica, podrían influir en el diseño de espacios más humanos y saludables en el futuro.
Hoy en Encuentros, el espacio para hablar de espacios, caminamos junto a Enric Munar, profesor de Psicología e investigador en cognición y evolución humana, con el que hablaremos sobre la neuroestética, una disciplina que estudia por qué ciertos estímulos nos resultan agradables desde una perspectiva científica. Aunque el término es reciente, sus raíces están en la estética experimental del siglo XIX. Munar prefiere hablar de estética empírica, centrada en estudiar la subjetividad del gusto sin necesariamente buscar aplicaciones prácticas inmediatas.
Una parte clave de su trabajo es distinguir entre estética y arte. Mientras el arte puede tener componentes estéticos, la estética se refiere más ampliamente a lo que nos agrada o desagrada, ya sean objetos, personas o espacios. Su investigación ha revelado una tendencia general a preferir los contornos curvos sobre los angulosos, una inclinación que aparece incluso en otras especies y culturas muy diversas, y que podría tener un origen evolutivo relacionado con la naturaleza.
Esta preferencia tiene implicaciones importantes en arquitectura. Aunque la mayoría de las ciudades se construyen con líneas rectas por motivos prácticos y económicos, las formas curvas parecen generar mayor bienestar. Esto conecta con la idea de la biofilia, que plantea que los humanos necesitamos entornos que evoquen la naturaleza para reducir el estrés y restaurar la atención. Según Munar, aunque estos hallazgos aún no se han trasladado del todo a la práctica, podrían influir en el diseño de espacios más humanos y saludables en el futuro.