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Ahora, hijo mío, que el Señor tu Dios te ayude a construir su templo. Que te dé prudencia y sabiduría para que, cuando estés al frente de Israel, obedezcas su ley. Él es el Señor tu Dios. Si cumples las leyes y normas, entonces te irá bien. ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes!
Mira, con mucho esfuerzo he logrado conseguir para el templo del Señor tres mil trescientas toneladas de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra, pero tú debes adquirir más. También cuentas con obreros, canteros, albañiles, carpinteros, y expertos en toda clase de trabajos.
Así que, ¡pon manos a la obra, y que el Señor te acompañe!»
Después David les ordenó a todos los jefes de Israel que colaboraran con su hijo Salomón. El Señor su Dios ha entregado en mi poder a los habitantes de la región, y estos han quedado sometidos al Señor y a su pueblo. Ahora, pues, busquen al Señor su Dios de todo corazón y con toda el alma. Comiencen la construcción del santuario de Dios el Señor, para que trasladen el arca del pacto y los utensilios sagrados al templo que se construirá en su honor.