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Nabucodonosor, rey de Babilonia, atacó a Jerusalén. Acampó frente a la ciudad y construyó una rampa de asalto a su alrededor, la sitio, cuando el hambre se agravó en la ciudad, y no había más alimento, se abrió una brecha en el muro de la ciudad, todo el ejército se escapó de noche, pero el ejército babilonio persiguió a Sedequías hasta alcanzarlo. Sus soldados lo abandonaron y fue capturado.
El rey de Babilonia, dicto sentencia a Sedequías, ante sus propios ojos degollaron a sus hijos, y después le sacaron los ojos, lo encadenaron y lo llevaron a Babilonia.
Nabuzaradán, que era el comandante de la guardia, fue a Jerusalén y le prendió fuego al templo del Señor, al palacio real y a todas las casas de Jerusalén, incluso a todos los edificios importantes.
Entonces el ejército babilonio bajo su mando derribó las murallas que rodeaban la ciudad, deportó a la gente que quedaba en la ciudad, es decir, al resto de la muchedumbre y a los que se habían aliado con el rey de Babilonia.
Sin embargo, dejó a algunos de los más pobres para que se encargaran de los viñedos y de los campos.