Debo empezar este libro con una confesión.
Al principio pensé que la inteligencia artificial era algo casi mágico.
No exactamente magia, por supuesto, pero sí algo misterioso: una especie de oráculo que sabía muchísimo más que yo y que probablemente estaba reservado para ingenieros, científicos o personas con una capacidad matemática que yo claramente no tengo.