En este episodio meditamos en el significado del cordón de grana que Rahab colocó en su ventana.
Un hilo sencillo, aparentemente frágil, que se convirtió en la señal que distinguió su casa cuando las murallas de Jericó cayeron.
Más que un objeto, ese hilo representaba una fe visible: una vida que decidió confiar en la promesa de Dios antes de ver su cumplimiento.
Hoy reflexionamos sobre cómo las señales de fe pueden parecer pequeñas frente a las estructuras humanas, pero terminan siendo las que permanecen.
Mañana cerraremos la semana de Rahab contemplando cómo su fe no solo la preservó, sino que la integró al pueblo de Dios y a la historia de la promesa.
Entre el Alma y Dios. 🤍