Había una vez un niño que se llamaba Nicolás y que no tenía televisión
en su casa. A ese niño le tocaba ver los programas en el televisor de una
vecina que vivía al otro lado de la calle y que no cerraba las cortinas de
la sala. Entonces Nicolás nunca sabía de qué hablaban los personajes, pero
se lo imaginaba. Y con eso le bastaba para llegar al otro día al colegio a
contarles a sus compañeros las películas que "medio veía, medio se
inventaba". Así empezó su oficio como contador de cuentos. Pero esta es
sólo una historia, porque hay otra, la de un niño que se llama Nicolas y...
Y así vamos a seguir durante todo este capítulo de Entre Líneas,
persiguiendo las historias de cómo Nicolás Buenaventura se hizo contador de
cuentos.