Cualquiera que sea el Dios de cada uno. Aunque no probable, es posible que sea esa Luz que brilla en nuestro interior y baste con buscar un poquito; en nuestras entrañas, o en el abismo. Observarla con atención, reconocerla con humildad, sentirla en silencio y explorarla con valentía hasta sanarla, descubrirá lo mejor de ti; iluminándolo todo desde el amor que ahora aguarda.