En los últimos episodios, hemos escrutado varios pasajes de la Santa Escritura que nos han ido revelando la fuerza del número “cuarenta”. Hemos visto cómo ese número está relacionado con grandes momentos de transformación.
En el Diluvio, hace referencia a la renovación de la tierra, a un nuevo comienzo. Noé viene a ser como un nuevo Adán, que prefigura a Cristo y la gracia del Bautismo.
Moisés vivió tres “cuaresmas” en su vida, tres momentos de intensa maduración, tres etapas bajo la amorosa pedagogía de Dios. El Éxodo fue un período de cambio para Israel, que se transformó en una nación santa, en el pueblo de la Alianza.
David reina cuarenta años, se transforma en la imagen del Mesías ideal, e Israel se transforma en un reino poderoso.
En tiempos de crisis, Elías peregrinó hacia el Horeb para buscar respuestas sobre su identidad y su misión profética. Por otro lado, la historia del profeta Jonás nos ha revelado que basta con sólo un signo para que la fuerza de la Palabra obre la conversión.
Profundos misterios están relacionados al número cuarenta en el Antiguo Testamento.
¿Y el Nuevo Testamento? ¿Qué nos puede revelar sobre el número cuarenta? Hoy hablaremos de las dos grandes cuaresmas vividas por Jesús, el Mesías, Hijo de Dios y Señor nuestro.
Prepara tu Biblia y tu cuaderno de estudios. Yo soy Ricardo Braz y te doy la bienvenida a más un episodio de la “Cuaresma con la Biblia”.