Él te dice: “No temas, estoy contigo. Yo soy tu Dios, no tengas miedo. Te fortaleceré, sí, te ayudaré. Te salvaré con mi mano victoriosa.”
Así que en esos momentos aférrate a su promesa, y en la obra de sus manos.
Y si nunca experimentaste su poder; si nunca fuiste rescatado por su “mano victoriosa”, tal vez sea el momento de comenzar a conocerlo más íntimamente y a confiar en Él.
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