"Atelofobia: el miedo irracional a la imperfección"
María es una joven de 24 años que trabaja como diseñadora gráfica freelance y estudia un máster en marketing digital. Desde pequeña, creció en un hogar estricto donde sus padres, ambos académicos, solo celebraban sus notas perfectas y criticaban cualquier error, inculcándole que su valor dependía de ser impecable. Este entorno sembró en ella un perfeccionismo que, con los años, se transformó en algo más oscuro: atelofobia, un miedo irracional a la imperfección.
En su día a día, Lucía siente una ansiedad extrema cada vez que enfrenta un proyecto. Por ejemplo, al diseñar un logo para un cliente, pasa días ajustando detalles mínimos, incapaz de enviarlo por temor a que no sea "perfecto".
Si comete un error, como olvidar un correo importante, se autocrítica duramente, pensando "soy un desastre" y "no merezco este trabajo". Esto la lleva a procrastinar tareas importantes, paralizada por el pánico a no cumplir sus propios estándares imposibles, lo que a veces le lleva a perder clientes.
Las redes sociales, especialmente Instagram y TikTok, agravan su situación.
Lucía pasa horas desplazándose por publicaciones de diseñadores con portfolios impecables y vidas "perfectas": oficinas estéticas, cuerpos ideales y reels virales.
Compararse con estos estándares irreales, potenciados por filtros y ediciones, intensifica su miedo a no estar a la altura. Hace poco intentó subir un reel mostrando su proceso creativo, pero tras editarlo obsesivamente durante horas, lo borró al ver que solo tenía 10 likes en la primera hora, interpretándolo como un fracaso absoluto.
Físicamente, Lucía nota taquicardia y sudoración cuando recibe feedback, temiendo críticas, y su salud mental se resiente: se siente atrapada en un ciclo de inseguridad y evitación. Su caso refleja cómo un entorno exigente y la presión digital de Instagram y TikTok convirtieron su perfeccionismo en atelofobia, limitando su vida personal y profesional. Buscar ayuda psicológica, como terapia cognitivo-conductual, podría ayudarla a aceptar que la imperfección no define su valía.
El anterior es un ejemplo figurado de cómo la atelofobia puede limitar nuestra vida.