Hoy Fran Mezcua, Fernando Valladares, Javier Urra, Esteban Massana, Alfonso Manjavacas y Candela Rojas.
En El Mejor Día de la Semana hablamos de los caprichos y de los recuerdos que se borran, aunque sigan dejando huella.
De Ratones y Reyes
Ana Olivares ha puesto voz a De Ratones y Reyes, un cuento sobre las consecuencias de no afrontar el problema de raíz. Cada solución improvisada complica más la situación hasta revelar que el origen estaba en el capricho del rey. El relato nos invita a revisar las causas reales antes de actuar y a asumir la propia responsabilidad.
Por qué casi no recordamos nuestros primeros años
La infancia temprana deja huella, pero apenas recuerdos precisos. Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro nacía como una tabla rasa y que las conexiones se formaban con la experiencia. Fernando Valladares explica que ocurre lo contrario: al nacer, el hipocampo ya está intensamente conectado.
Un cerebro lleno de conexiones
Esa red inicial es densa, fuerte y poco organizada. Cualquier sonido, imagen u olor activa numerosas neuronas al mismo tiempo. Esta gran excitabilidad ayuda a descubrir el mundo, pero también sobrecarga las primeras experiencias y dificulta que se conviertan en recuerdos claros.
Un estudio publicado en 2026 compara el cerebro de ratones en distintas etapas. Sus responsables observan que, con el desarrollo, se produce una poda neuronal: desaparecen conexiones y la red se vuelve menos densa, pero más ordenada y precisa.
Valladares resume esta idea con una imagen sencilla: no nacemos con una "pizarra en blanco", sino con una "pizarra llena". La genética nos proporciona una enorme capacidad para conectar estímulos, aunque al principio esas conexiones generan recuerdos difusos. Aunque no podamos reconstruir esos primeros años con detalle, sus experiencias sí influyen en nuestra psicología. Comprenderlo permite valorar mejor una etapa que quizá no recordamos, pero que contribuye a definirnos.