María Fernández lleva estudiando música, y concretamente la flauta travesera, desde los 8 años y, aunque es muy joven aún, es toda una experta. Su arte y sensibilidad han provocado un auténtico vendaval de emociones entre todos los que la escuchábamos bien atentos. Ha dedicado muchas horas a un instrumento complicado, a un instrumento tan difícil como evocador, enormemente expresivo y de posibilidades melódicas inabarcables, ahora ya, como una extensión más de su fisonomía, forma parte de ella. Durante sus interpretaciones, nos fijamos en cómo vive cada nota con todo su cuerpo y siente, bajo sus dedos, las llaves diminutas de ese instrumento precioso que tanto la hizo sufrir en sus comienzos. Hoy, casi sin darse cuenta, nos transmite sus emociones, sus paisajes sonoros, sus mundos oníricos y fantásticos. Escucharla es pura ensoñación.