Hoy quiero hablar de algo que nos pasa a casi todos:
vivir con la mirada puesta únicamente en la meta.
En lo que queremos conseguir, en llegar, en lograr…
y olvidarnos por completo del camino.
Y lo curioso es que muchas veces, eso que tanto deseamos,
solo puede llegar si aprendemos a disfrutar el proceso.
Porque cuando solo nos enfocamos en el resultado,
aparece la frustración, la prisa, la comparación
y la sensación constante de que nunca es suficiente.
Así que hoy quiero invitarte a reflexionar conmigo
sobre qué pasa cuando dejamos de correr
y empezamos a caminar con más presencia.
@planeaconcalma