Hoy se puede usar el modelo de inteligencia artificial más potente jamás abierto al público… pero domado. Uso ese lanzamiento como excusa para una idea más grande: cada vez trabajamos con herramientas más capaces de lo que sus propios creadores se atreven a soltar. Vienen con bozal (se niegan a hablar de ciertos temas), con vigilancia (te quitan la opción de pedir que no guarden nada) y al doble de precio. ¿Por qué tanta correa? Porque la herramienta, suelta, encuentra fallos de seguridad ella sola: muerde de verdad. Y esto no va de una marca concreta, va camino de ser el patrón. Una reflexión sobre el estado de la IA contado a través de cómo nos la entregan.