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Hablar de Willie Colón hoy en día es abrir un debate inevitable. Casi todo el mundo tiene una opinión lista en la punta de la lengua: ya sea para elogiar su maestría musical, lamentar su eterna ruptura con Rubén Blades, o cuestionar su activismo de derecha. Sus reflexiones más radicales —alineadas con la política migratoria de Donald Trump, el respaldo a las acciones de ICE en EE. UU. y su rechazo frontal a todo lo que huela a comunismo, chavismo o incluso a figuras modernas como Bad Bunny— lo mantienen en el ojo del huracán.
By Gabriel PosadaHablar de Willie Colón hoy en día es abrir un debate inevitable. Casi todo el mundo tiene una opinión lista en la punta de la lengua: ya sea para elogiar su maestría musical, lamentar su eterna ruptura con Rubén Blades, o cuestionar su activismo de derecha. Sus reflexiones más radicales —alineadas con la política migratoria de Donald Trump, el respaldo a las acciones de ICE en EE. UU. y su rechazo frontal a todo lo que huela a comunismo, chavismo o incluso a figuras modernas como Bad Bunny— lo mantienen en el ojo del huracán.

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