“Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de los filisteos por cuarenta años. Y había un hombre de Zora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manoa; y su mujer era estéril, y nunca había tenido hijos. A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y le dijo: He aquí que tú eres estéril, y nunca has tenido hijos; pero concebirás y darás a luz un hijo. Ahora, pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda. Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos.” (Jueces 13: 1-5).Dios tenía un plan para Sansón mediante el cual, y bajo el liderazgo de Sansón, los israelitas debían ser libertados del yugo de los filisteos. Cuando Sansón se hizo hombre, desgraciadamente impidió que su vida armonizara con el plan que Dios había trazado para él. Dios tiene un plan para cada vida. Pero tal plan no impide el ejercicio del libre albedrío. Los hombres siempre deben escoger si habrán de seguir el plan divino o no. El caso de Sansón ilustra cómo el hombre puede frustrar por completo el elevado destino que se le ha designado.