"Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí?" (2 Samuel 7: 18).De acuerdo con las normas humanas, David podía ser considerado como un hombre de realizaciones extraordinarias, un caudillo excepcional, varón de profunda piedad y gran valor, hombre de honor y éxito, uno de los más grandes poetas y de los reyes más destacados de la historia. Pero David se sentía profundamente humilde ante su Hacedor y completamente indigno del alto honor que Dios le confería a él y a su casa.