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“Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. …
Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” (S. Juan 19: 17, 18, 25-27).
El perfecto ejemplo del amor filial de Cristo resplandece con brillo imperecedero a través de la neblina de los siglos. El mismo espíritu se verá en cada discípulo de nuestro Señor.
By Daniel Alejandro Flores“Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. …
Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” (S. Juan 19: 17, 18, 25-27).
El perfecto ejemplo del amor filial de Cristo resplandece con brillo imperecedero a través de la neblina de los siglos. El mismo espíritu se verá en cada discípulo de nuestro Señor.