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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
II TRIMESTRE DEL 2025
Narrado por: Miguel Páez
Desde: Bogotá, Colombia
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
DOMINGO 22 DE JUNIO
EL PROFETA RENUENTE
Aunque breve, la historia de Jonás (ver Jon. 1-4) es considerablemente impactante. Muchos creyentes se han visto reflejados en este profeta renuente. Su historia también contiene notables alusiones a acontecimientos futuros.
Lee Mateo 12:38 al 42. ¿A qué partes de la historia de Jonás se refiere Jesús cuando se dirige a los escribas y los fariseos? ¿Qué lecciones acerca del Juicio hay en su declaración?
Jesús declaró que era mayor que Jonás. Sabía que el hecho de venir a este mundo significaría la Cruz, y aun así vino a “buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Jonás pasó tres días en el gran pez a causa de sus propios pecados, pero Jesús pasó tres días en la tumba a causa de los nuestros. Eso era lo que hacía falta para salvar a los perdidos.
Jonás no quería ir a Nínive, lo cual es muy comprensible desde una perspectiva humana, ya que los asirios eran conocidos por su brutalidad. Los murales asirios están repletos de escenas de una crueldad inusitada. Los pueblos conquistados por ellos eran masacrados de maneras sádicas. ¿Quién querría ir a predicarles acerca del arrepentimiento?
Hay un momento importante en la historia de Jonás que puede señalar hacia el movimiento remanente de los últimos días. Cuando preguntan a Jonás quién es, él responde: “Soy hebreo, y venero al Señor, Dios de los cielos, que hizo la tierra y el mar”, una declaración muy semejante al mensaje del primer ángel (Jon. 1:9; Apoc. 14:7). Su énfasis en el Señor como aquel “que hizo la tierra y el mar” señala a Dios como el Creador. Este hecho es el fundamento de nuestra adoración dirigida a él, y la adoración es fundamental en los eventos de los últimos días.
Al mismo tiempo, también se nos ha encomendado predicar un mensaje potencialmente impopular en la Babilonia espiritual. Decir “¡Salgan de ella, pueblo mío!” (Apoc. 18:4) equivale a llamar al mundo al arrepentimiento, algo que la mayoría no recibe con agrado, por muy amable que sea el mensajero. ¿Quién de nosotros no ha recibido respuestas negativas o incluso hostiles como resultado de su testificación? Ello es simplemente parte de la tarea.
¿Cuánto hay de Jonás en ti? ¿Cómo puedes superar esa actitud equivocada?
By Daniel Ramos5
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EL PROFETA RENUENTE
Aunque breve, la historia de Jonás (ver Jon. 1-4) es considerablemente impactante. Muchos creyentes se han visto reflejados en este profeta renuente. Su historia también contiene notables alusiones a acontecimientos futuros.
Lee Mateo 12:38 al 42. ¿A qué partes de la historia de Jonás se refiere Jesús cuando se dirige a los escribas y los fariseos? ¿Qué lecciones acerca del Juicio hay en su declaración?
Jesús declaró que era mayor que Jonás. Sabía que el hecho de venir a este mundo significaría la Cruz, y aun así vino a “buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Jonás pasó tres días en el gran pez a causa de sus propios pecados, pero Jesús pasó tres días en la tumba a causa de los nuestros. Eso era lo que hacía falta para salvar a los perdidos.
Jonás no quería ir a Nínive, lo cual es muy comprensible desde una perspectiva humana, ya que los asirios eran conocidos por su brutalidad. Los murales asirios están repletos de escenas de una crueldad inusitada. Los pueblos conquistados por ellos eran masacrados de maneras sádicas. ¿Quién querría ir a predicarles acerca del arrepentimiento?
Hay un momento importante en la historia de Jonás que puede señalar hacia el movimiento remanente de los últimos días. Cuando preguntan a Jonás quién es, él responde: “Soy hebreo, y venero al Señor, Dios de los cielos, que hizo la tierra y el mar”, una declaración muy semejante al mensaje del primer ángel (Jon. 1:9; Apoc. 14:7). Su énfasis en el Señor como aquel “que hizo la tierra y el mar” señala a Dios como el Creador. Este hecho es el fundamento de nuestra adoración dirigida a él, y la adoración es fundamental en los eventos de los últimos días.
Al mismo tiempo, también se nos ha encomendado predicar un mensaje potencialmente impopular en la Babilonia espiritual. Decir “¡Salgan de ella, pueblo mío!” (Apoc. 18:4) equivale a llamar al mundo al arrepentimiento, algo que la mayoría no recibe con agrado, por muy amable que sea el mensajero. ¿Quién de nosotros no ha recibido respuestas negativas o incluso hostiles como resultado de su testificación? Ello es simplemente parte de la tarea.
¿Cuánto hay de Jonás en ti? ¿Cómo puedes superar esa actitud equivocada?