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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
I TRIMESTRE DEL 2026
Narrado por: Eddie Rodriguez
Desde: Guatemala, Guatemala
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
LUNES 12 DE ENERO
MORIR ES GANANCIA
Todos, especialmente los creyentes, somos partícipes del Gran Conflicto, que hace estragos a nuestro alrededor y en nosotros. Todos experimentamos de un modo u otro, y hasta nuestro último día de vida, la realidad de esta lucha cósmica.
Lee 2 Corintios 10:3-6. ¿De qué se trata la guerra espiritual que libramos y cuáles son nuestras armas?
Las armas espirituales más letales son las ideas, sean buenas o malas. Satanás utiliza la crítica, la traición, la vergüenza, el miedo, la presión grupal, y una serie de instrumentos similares que los cristianos nunca debemos emplear. En cambio, debemos usar el amor, la misericordia, la paz, la mansedumbre, la paciencia, la bondad y el dominio propio. Nuestra arma más poderosa, si es usada correctamente, es “la Palabra de Dios” manejada por el Espíritu (Efe. 6:17), porque solo Dios puede llevar la verdad al corazón de una persona. Nosotros somos solo el instrumento que Dios usa para lograr sus propósitos.
Lee Filipenses 1:21, 22. ¿Cuál es el punto que destaca aquí Pablo, especialmente en el contexto del Gran Conflicto?
Nuestra batalla es espiritual, pues estamos en una guerra de ideas y valores. Sin embargo, Cristo ya obtuvo la victoria por nosotros en la Cruz, y nunca seremos derrotados si permanecemos unidos a él, incluso si ello nos cuesta la vida. Pablo estuvo dispuesto a sobrellevar todo lo que le sucediera aquí en la Tierra, por injusto que fuera, pues había confiado su vida y su futuro a un tribunal superior.
Como cristianos, no debemos luchar tanto por nuestros derechos como por lo que es justo. Contrariamente a la máxima según la cual “la fuerza hace a la razón”, la verdadera fortaleza es el resultado de la última. La sumisión a la voluntad de Dios es algo honorable. De hecho, es la única manera de obtener la victoria en la guerra que libramos. Jesús, por supuesto, es el ejemplo por excelencia de la sumisión a la voluntad de Dios, como demuestra Pablo en Filipenses 2.
¿Cómo estás experimentando ahora mismo la realidad del Gran Conflicto? ¿Cómo puede darte consuelo y fortaleza el hecho de saber que Cristo ya obtuvo la victoria por nosotros?