Luces bajas.
Una mesa para dos, pero aún estás solo.
Huele a whisky y a terciopelo usado.
Y ahí empieza a sonar… eso.
Esa música que no pide nada, pero lo dice todo.
Música de humo lento, de miradas que se sostienen más de la cuenta.
Jazz del que no se baila… se respira.
Hoy te traigo un trago largo y lento de pura seducción.
Porque si con esto no te enamoras, es que no estás escuchando bien.