La noche siempre ha sido un refugio.
Cuando la ciudad baja la voz, cuando las calles se vacían
y el tiempo parece moverse más despacio,
el jazz aparece como si siempre hubiera estado esperando ese momento.
No es casualidad que el jazz suene mejor cuando se apagan las luces.
Porque esta música nació lejos del horario de oficina,
lejos de la pulcritud y de las normas.
El jazz se hizo nocturno
porque la noche permitía algo que el día no ofrecía:
libertad.