El #jazz siempre ha tenido algo de rebelión. Una música que nació para desafiar lo establecido, que nunca se conformó con seguir el compás marcado por otros. Durante décadas, el tiempo —ese latido que lo sostiene todo— parecía intocable. El #swing, el cuatro por cuatro… eran el terreno seguro. El suelo firme donde se apoyaba todo lo demás.
Pero hubo un momento en que algunos músicos empezaron a preguntarse: ¿y si cambiamos ese pulso? ¿Y si el bajo deja de ser solo un acompañante en la sombra? ¿Y si el compás deja de ser una cárcel para convertirse en un experimento?