¡Muy buenos días! En este episodio, super interesante, y espero que para vosotros también, quiero hablar de algo que todos, en un momento u otro, hemos padecido, que es el síndrome del impostor. Esto se da en todas las profesiones y, por lo tanto, en el mundo del 3D pasa igual. Algunos alumnos me han dicho más de una vez, sobre todo cuando han terminado algún curso: «Pero Javier, no me veo tan bueno como para presentarme a ese trabajo» o «Ufff… hay gente demasiado buena. Yo no se si voy a llegar a eso…».
Pero antes… mi nombre es Javier Vega y soy artista 3D y desarrollador web, aderezado con un poco de marketing online, y fundador de Cursos Online en Zao3D donde dispones de cursos de 3D, imagen digital y edición de vídeo para que empieces a aprender. Son cursos online que puedes hacer en cualquier momento y a la hora que quieras. Cada semana se incluyen nuevas lecciones. Y cada vez hay más cursos. Esto crece y crece, gracias a vosotros. Además, este mes ha empezado el curso de DaVinci Resolve, un programa magnífico para la edición de vídeo profesional. ¡Pásate por la web y preinscríbete! En cuanto el curso esté disponible te informaré.
Volvamos al tema de este episodio. Pero ¿Qué es el síndrome del impostor? Es la sensación que una persona tiene de que no está capacitado para algo o el miedo a que los demás piensen que eres un fraude. ¿Te suena de algo esta sensación? Puede que en mayor o menor medida todos lo hayamos sentido en algún momento, sobre todo cuando nos iniciamos en algo. Y este algo suele ser algo que nos gusta. En nuestro caso, ser artista 3D es un disparador de estas sensaciones.
Como artista 3D empiezas prácticamente con capacidad de sorpresa todo el tiempo, la boca abierta de ver trabajos alucinantes, artistas increíbles, puestos de trabajo en grandes estudios, el cine, Hollywood, etc. Y ese primer enamoramiento nos hace decidir que queremos hacer eso, hasta que llega el momento en el que quieres y tienes que dar el paso. Demostrar a los demás tus conocimientos.
Este momento suele acompañarse de ese pánico en el que, internamente, porque esto es algo que pasa en nuestra cabeza, en nuestros pensamientos más privados: «Ya verás… a la gente no le va a gustar», «Van a ver que no soy tan bueno…», «¿Cómo voy a ir a Pixar o a cualquier otro estudio, aunque sea pequeño, si no soy tan bueno», «El mundo está lleno de artistas demasiado buenos, yo no podré ser como ellos», etc. Y así, una y otra tortura que no hacen otra cosa que incrementar esa sensación de fracaso. Y el fracaso, esa palabra tabú, está muy estigmatizada en nuestras tierras o cultura latina. En España es fácil señalar con el dedo a aquel que ha fracasado. Esto es algo que no pasa en la cultura anglosajona, como en Estados Unidos.
Ahí son muy de valorar las personas que «fracasan», y esta vez lo quiero decir entre comillas, porque vuelven a intentarlo, pero mejorando lo aprendido. Ahí no existe la palabra fracaso. De hecho la gran mayoría de empresas de éxito, han fallado en algún momento de su historia y podemos poner ejemplos como Apple, Facebook o Twitter por poner ejemplos de grandes empresas que empezaron como proyectos de pequeños emprendedores. Pero su camino hasta hoy no ha sido de éxito inmediato nada más empezar. Y por supuesto, nosotros tampoco.
Pues parece ser, según datos de un estudio realizado por el Journal of Behavioral Science, que al menos un 70% de la población ha padecido, en mayor o menor medida, este «Síndrome del Impostor». Se de lo que te hablo porque yo mismo he padecido esto también y a veces puede con...