Dios les bendiga, amados y amadas del Señor. Qué maravilloso es volver a encontrarnos en esta experiencia de reflexión en voz alta. La porción bíblica para este día es maravillosa y estremecedora. Lucas capítulo 23, versículo 28 y 29 dice: "Pero Jesús, volviéndose a ellas dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí. Llorad, más bien, por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque aquí vienen días en que dirán 'Dichosas las estériles y los vientres que nunca concibieron y los senos que nunca criaron'. Que palabra estremecedora. En un momento crucial en la vida de Jesús, se está dirigiendo hacia el Gólgota, hacia El Calvario a entregar su vida para que muchos sean salvados y aquellas mujeres que estaban alrededor de Él lloraban. Algunas lloraban, me imagino, que porque sabían que era injusto lo que estaba sucediendo. Quizás otras lloraban porque otras lloraban. Pero Jesús quiere hacerles entender que lo que está a punto de suceder no es el fin, sino el comienzo de algo extraordinariamente liberador.
Y también quiere que esas mujeres que están a su alrededor entiendan de que hay unas razones muy poderosas por las cuales realmente llorar. Llorar por ellas mismas, por nosotras mismas, que lloremos por nuestros hijos, por los tiempos en los cuales se van a criar nuestros hijos. Y yo creo que estamos viviendo, quizás, esos tiempos. Tiempos donde estamos viendo la manera en que nuestros hijos están siendo bombardeados, están siendo subyugados, están siendo adoctrinados y están siendo lastimados de manera impresionante. Y por ellos hay que llorar; no solamente por los hijos de nuestro vientre, sino por los hijos de nuestro corazón. No solamente por los hijos de nuestro vientre y nuestro corazón, sino por aquellos, que no necesariamente tiene ningún vínculo, ni emocional ni biológico conmigo. Pero son mis responsabilidad en oración. Estamos viviendo en un mundo que está lastimando a nuestros hijos, a nuestros pequeños, y que definitivamente si estamos lastimando a nuestros niños y a nuestros pequeños estamos lastimando a Dios. Estos son tiempos de llorar, de pedirle al Señor misericordia. Que la iglesia se despierte a la realidad que tenemos delante de nosotros para abrigar a estos pequeños, para consolar estas madres que no tienen alternativa y para poder predicarles y anunciar la buena noticia de Dios. Que así nos ayude el Señor.