No sólo estamos en movimiento constantemente, sino que éste está regido por un patrón: el ritmo. El ritmo compensa y equilibra, unirnos a él es vital para que nuestra experiencia no quede sometida a altibajos, no quede descompensada y se vea excesivamente sometida a impulsos opuestos y contradictorios. Descubramos la neutralidad que se esconde tras los eventos, renunciemos al juicio, y tengamos en cuenta que todo es relativo, según la circunstancias. Reírse de uno mismo, compensar el drama y ser feliz sólo depende de saber fluir y buscar la serenidad por encima de todo.