La actitud equidistante ante los conflictos no obedece al buenismo de mediar entre las partes, sino que es una opción más que esconde un mensaje perverso e infantil. La idea de que confrontar y debatir es malo porque conduce al enfrentamiento, es la propia de las dictaduras para evitar la crítica política y social que abre la mente. Argumento que piensa en las personas como si fueran niños, y que los equidistantes utilizan para justifican su indefinición permanente. Porque no es malo debatir entre opuestos, con argumentos y sin insultos; y si el buenismo equidistante que hace tabla rasa de responsabilidades de unos y otros, en aras de una pacificación pueril que enquista siempre los problemas. Es así como el equidistante lo iguala todo, con el mensaje malévolo de culpabilizar por igual a agresor y agredido, y que anula las responsabilidades pasadas y presentes, esparciendo la idea perversa de que no hay diferencia entre unos y otros, que contraviene la historia y la razón