Uno de los errores más comunes en la vida digital sigue siendo usar la misma contraseña para todo. A pesar de los continuos avisos de los expertos, millones de usuarios repiten las mismas combinaciones —fechas de nacimiento, nombres de mascotas o secuencias simples como “123456”— en sus correos, redes sociales y cuentas bancarias. Un hábito cómodo, sí, pero también una puerta abierta para los ciberataques más básicos.
Según los últimos informes de seguridad, más del 60 % de las brechas de datos se producen por contraseñas reutilizadas o filtradas. En muchos casos, los ciberdelincuentes ni siquiera necesitan hackear: basta con probar contraseñas filtradas en bases de datos públicas, una técnica conocida como credential stuffing. Así, un descuido en una web antigua puede acabar comprometiendo tu vida digital completa.
La solución pasa por diversificar, actualizar y proteger. Los gestores de contraseñas, la verificación en dos pasos y los sistemas biométricos ayudan a minimizar riesgos, pero el cambio real empieza en la conciencia del usuario. Recordar que cada cuenta representa una puerta distinta es la mejor forma de mantener cerradas las equivocadas. Porque en el mundo digital, reciclar contraseñas no es sostenibilidad: es vulnerabilidad.
Linke a la web Have I been Pwned
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