Hoy Fran Mezcua, Javier Urra, Ana Olivares, Esteban Massana, Alfonso Manjavacas, Candela Rojas
"En el mejor día de la semana" hemos hablado de dos formas de reconectar con lo esencial: con nuestro cuerpo y con nuestra identidad. Javier Urra nos ha recordado que comer también es sentir, y el relato del águila nos invita a recordar quiénes somos y atrevernos a volar.
La relación entre la mente y el plato
En el programa hemos hablado sobre la estrecha conexión entre la mente y la alimentación. Javier Urra ha destacado que desde la infancia hasta la vejez, comer refleja emociones, vínculos y formas de relacionarnos con el mundo. Ha recordado que "la nutrición es esencial para el desarrollo humano y está profundamente unida a la mente: cómo comemos, con qué emociones y con qué actitud".
La obesidad no es solo un asunto estético, sino un problema de salud y equilibrio vital. "Hay personas que buscan en la comida su único placer y entran en un ciclo de descontrol, mientras otras se obsesionan por mantener la perfección", ha explicado. El equilibrio —ha insistido— es la clave: cuidarse sin rigidez y disfrutar sin exceso.
Compartir una comida, ha dicho Javier Urra, es mucho más que alimentarse: "Comer une, favorece la conversación, el vínculo y la confianza". En ese acto cotidiano se expresan emociones, recuerdos y gratitud. Según Urra, mantener una relación sana con los alimentos implica conciencia, disfrute y respeto hacia quienes hacen posible que comamos cada día.
Una reflexión que invita a mirar el plato con atención, reconociendo que cada elección alimenta tanto el cuerpo como la mente.
Recordar quién somos
A veces vivimos limitados por lo que otros dicen que somos. Como el águila que creció entre gallinas, olvidamos nuestra verdadera naturaleza y renunciamos a volar. Nos dejamos llevar por la costumbre, por el miedo o por etiquetas ajenas, sin darnos cuenta de que el cielo siempre ha estado esperándonos. Recordar quiénes somos requiere valor: implica romper moldes, confiar en nuestras alas y atrevernos a mirar más allá de los límites aprendidos. El relato nos invita a despertar esa fuerza interior que todos tenemos, a reconocer que somos capaces de más de lo que imaginamos.