Hoy Fran Mezcua, Ana Olivares, Fernando Valladares, Esteban Massana, Alfonso Manjavacas, Candela Rojas e Isabel de la Iglesia
En El Mejor Día de la Semana hemos recorrido Santa Mariña de Aguas Santas, donde vida y muerte parecen dialogar, y hemos descubierto cómo la humanidad resistió un clima extremo hasta superar un dramático cuello de botella evolutivo.
La aldea gallega donde la muerte no tuvo la última palabra
Hay lugares donde la historia no se cuenta solo con fechas. También se escucha en las piedras, en los caminos y en las leyendas que han llegado hasta hoy. Santa Mariña de Aguas Santas es uno de ellos. La tradición sitúa allí la historia de una joven que desafió al poder romano. Fue torturada, quemada y arrojada al agua. Según la leyenda, siempre volvió a la vida hasta ser decapitada.
De su sangre, cuenta el relato, brotaron manantiales considerados sanadores. El recorrido lleva al Horno de la Santa, una basílica inacabada con pasadizos y símbolos templarios. Muy cerca, los bosques evocan también la figura de Romasanta. Santa Mariña de Aguas Santas conserva así historia, leyenda y misterio en un mismo lugar. Un territorio donde el pasado no parece haber desaparecido del todo.
Resistir cuando el clima lo cambia todo
Hubo un momento en la historia humana en el que estuvimos cerca de desaparecer. En Hablemos de Ciencia, Fernando Valladares nos ha llevado hasta el Pleistoceno Medio, hace casi un millón de años. Entonces, la población humana sufrió una reducción extrema. Según ha explicado, de más de 100.000 individuos quedaron apenas unos 1.200.
La genética ha permitido reconstruir ese cuello de botella evolutivo. Fue un periodo marcado por un clima muy severo, con frío intenso y fuertes oscilaciones ambientales. En ese contexto desaparecieron varios linajes humanos, pero también surgió una nueva etapa: de aquel periodo procede Homo heidelbergensis, antepasado común de sapiens, neandertales y denisovanos.
La recuperación fue lenta, pero decisiva. En unos 100.000 años, la población pasó de 1.200 a cerca de 30.000 individuos. Valladares lo interpreta como una muestra de resiliencia extraordinaria. La historia deja una idea clara: compartimos origen y hemos sobrevivido gracias a nuestra capacidad de adaptación.