En los últimos meses, la vida en Chiquinquirá ha dado un giro brusco. Lo que antes era un bien garantizado, el agua se ha convertido en un recurso muy escaso que cientos de familias deben racionar a diario. María García, residente del barrio San Pedro, cuenta su nueva rutina: “Nos toca llenar baldes de agua a las dos de la mañana cuando el agua llega por unas pocas horas, pero no sabemos cuánto tiempo la tendremos. A veces, ni eso”. Como ella, más de 30 mil habitantes sufren las consecuencias de una crisis que parece no tener solución inmediata.