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En este episodio volveremos la mirada al Exodo, Números y libros de Crónicas, para conocer quienes eran los sacerdotes y que hacían.
Debemos hacer este viaje al pasado para comprender las palabras de Juan que dice que Jesús
nos ama y por su sangre nos ha librado de nuestros pecados y nos ha hecho un reino de sacerdotes.
Veremos en próximo episodio cuales de estas responsabilidades aplican si es que aplican a nosotros en nuestro siglo y en el venidero.
El nos ama, y por su sangre nos ha purificado de nuestros pecados.
La frase “El nos ama” aparece en presente, para enfatizar que nos ama continuamente.
La frase “y por su sangre nos ha purificado de nuestros pecados” aparece en pasado para enfatizar que ya fue hecho y no queda nada pendiente.
En esta frase hay 2 traducciones, que habrán notado si han leido diferentes versiones: una traducción dice “nos lavó” otra dice “nos libertó”.
Esto sucede porque hay varios manuscritos en los que se lee “nos lavó” y hay otros manuscritos en los que se lee “libertó”.
En español, estas palabras se escriben y suenan diferente, pero en griego entre ambas palabras hay sólo una letra diferente y el sonido es casi igual.
El verbo lavar es “loúo” significa lavar a la persona entera.
Y el verbo librar es “luo” significa liberar. (pagando un precio)
La construcción gramatical “nos lavó” es lousanti
La construcción gramatical “nos libertó” es lusanti
Por su sangre nos lavó resalta el medio con el cual nos lavó. Se entiende entonces que la sangre es la que nos limpia del pecado. Siendo la sangre el medio por el cual nos lava, nos hace limpios, nos purifica.
Por su sangre nos libertó, resalta el precio pagado por la libertad. En este caso se entiende que la sangre nos liberta de la culpa que nos encadenaba al pecado. Siendo la sangre el precio de nuestra libertad.
Ambas traducciones se consideran correctas. Dicen los eruditos que en los mejores manuscritos se lee “libertó”. Y es a mi parecer lo que Juan habría escrito, según estamos viendo los títulos que usa para referirse a Jesús como Mesías, Testigo Fiel, Primer nacido de entre los muertos y rey de los reyes de la tierra.
Rey de los reyes de la tierra
Hoy veremos el trasfondo histórico Desde la Ascención
de Jesucristo hasta el año 93 aproximadamente, en brevísimas
palabras.
Importante conocerlo y tenerlo en cuenta para mejor comprender
este libro y su mensaje.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en EL cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16) “Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado”. (Juan 17:3)
Jesús, el Ungido de Dios, realizó la tarea que su Padre le asignó como a hijo primogénito. Murió soportando el oprobio y cargando la culpa de todos nosotros, y fue sepultado y al tercer día, el Espíritu de Dios le levantó de entre los muertos, dicho de otro modo, nació de entre los muertos cuando resucitó, con cuerpo glorificado, Pablo escribió en Colosenses 1:18 “El primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado”.
Como vimos en el episodio anterior, Dios lo elevó, lo puso más allá de las nubes, alusión a su Ascención cuando todos vieron que fue llevado entre nubes a los cielos.
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Todos los que hemos creído en El, hemos nacido de nuevo por la fe en Cristo Jesús, hemos pasado de estar muertos en pecado y separados de Dios, a vida eterna.
Juan 1:12 y 13 dice “A todos los que lo recibieron les dio capacidad para ser hijos de Dios. Al creer en su Nombre han nacido, no de sangre alguna ni por ley de la carne, ni por voluntad de hombre, sino que han nacido de Dios”.
Y estamos invitados a congregarnos con Jesús y su Padre en su reino eterno. Jesús dijo: volveré para tomarlos conmigo para que donde yo esté, estén también ustedes (Juan 14:3)
Jesús, el primero y el único al que la muerte no podía retener, pues El tenía el poder de dar su vida y de volverla a tomar.
El ya había demostrado su poder sobre la muerte, cuando resucitó a otras personas en su ministerio terrenal, al menos de 3 casos hay registro en los evangelios, y en el antiguo testamento igual hay relatos de resucitados, por el poder de Dios. Es más, cuando Jesús resucitó dicen las Escrituras que muchos resucitaron con él, para demostrar que no le costaba ningún esfuerzo resucitar, que su poder no se agota. Porque El resucitó, podemos estar seguros que también nosotros, los que hemos creído, resucitaremos y seremos parte de su reino eterno.
Porque si Jesús no resuicitó vana sería nuestra fe.
Salmos 89:27 dice: “El me podrá invocar: "¡Tú eres mi Padre, mi Dios y la roca donde me refugio!"
Como hijos de Dios, también nosotros podemos invocarle, y refugiarnos en El.
Hasta el próximo episodio.
En el episodio anterior, revisamos la poderosa razón de Juan, para escribir en griego con un error gramatical, la frase que en español se traduce como “de parte de Aquel que Es, que era y que ha de venir” en pro de mantener inalterable el nombre de Dios, pero, porqué agrega que viene? Eso no es parte del nombre del gran YO SOY, y si va a agregar algo aquí, lo lógico sería que agregara “y que será” abarcando presente, pasado y futuro, la frase más lógica diría “Aquel que es, que era y que será”, veamos por qué Juan elude “será” y escribe “que viene”.
Jesús como Cristo, estudiaremos
Espíritus de Dios y conoceremos al Testigo Fiel.
Hasta el siguiente episodio.
Apocalipsis fue escrito en forma de carta que era lo acostumbrado en esa época cuando no había Whatsapp, e-mails ni siquiera telégrafo.
Se llamaban epístolas, eran ampliamente usadas tanto por civiles como por gobernadores y reyes. Las epístolas en su estructura empezaban con la identificación del remitente, sus credenciales, y luego se mencionaba al destinatario, se dirigían palabras afectuosas de saludos y se mencionaba el propósito de la carta, a continuación se escribía el mensaje propiamente tal, que dependiendo del tipo de mensaje, éste podía ser escrito en lenguaje simple, en poesía, en acertijos o encriptado, en el caso de Apocalipsis es en lenguaje críptico-simbólico. Las epístolas terminaban con saludos y sello o firma del remitente.
El lenguaje críptico simbólico era ampliamente usado para transmitir mensajes a iniciados, lo que dificultaba su entendimiento a cualquier otro lector que no fuera el destinatario y que no estuviera familiarizado con la simbología.
Recordemos que las epístolas o cartas se escribían en rollos de pergaminos, o papiros. Eran depositadas en bolsas de cuero o vasijas de cerámica o de metal, para protegerlas en el trayecto de envío. Las envolturas se sellaban a fin de resguardar la privacidad y asegurar al receptor su autenticidad.
En nuestra Biblia tenemos varias epístolas o cartas, si las observáis, encontraréis similitudes en el tipo de saludos de nuestros primeros hermanos, que generalmente usaban las palabras “gracia y paz”.
El saludo gracia en griego “jaris” es una variante de “jairein”, que era el saludo común de la población grecohablante. Podéis ver que se menciona en Hechos 23:26 cuando Claudio Lisias saluda al gobernador Félix.
El saludo paz, en griego “eirēnē” lo usaba el pueblo judío con el significado del hebreo “šālôm”.
Así en el saludo epistolar gracia y paz, se incluía tanto a judios como a gentiles.
versículos
y su relevancia para nosotros hoy.
Bendiciones
Estamos estudiando el libro de Apocalipsis, un libro lleno de simbología, números y colores, por mencionar elementos que tienen al menos dos significados cuando nos encontremos con ellos.
Hemos analizado de manera bastante simple y clara los primeros tres versículos.
Estos 3 primeros versículos constituyen la introducción que hace el escritor del mensaje que entregará a continuación.
Como en toda introducción, en ella encontramos el motivo del libro, su origen y autenticidad, y señala también las partes o secciones en las que podemos dividir el libro, que ha posicionado contundentemente como una profecia a la altura de la de los profetas del Antiguo Testamento, afirmando que ésta fue dada por Dios a Jesucristo y que la recibió mediante Su ángel.
Ha pronunciado una bendición para quien lee, escucha y hace caso de estas palabras.
Ahora vamos a hablar de los números que aparecen en estos primeros tres versículos y vamos a ver cómo ellos pueden ayudarnos a entender mejor todo el libro.
Hay que tener en cuenta que Juan, era hebreo, pero escribió en griego porque era la lengua que mayormente se usaba en la literatura de su época.
Recordemos que en esa época el hebreo se usaba casi nada y muy poco sino que mayormente se usaba el griego, el latín y el arameo.
Juan escribió en griego perfecto, cometiendo sólo 2 errores gramaticales, (que tienen su explicación, y ya lo veremos cuando pasemos por esos versículos).
En griego, como asimismo en hebreo no existían los números como los conocemos hoy día, sino que se usaban letras para representar cantidades igual que se hacía en otras lenguas antiguas. No existía el cero. El cero apareció siglos después.
Como dato en la Tanaj hebrea, los versículos llevan letras,i no números como en nuestras Biblias.
De este modo cada letra tiene un valor de posición, un valor numérico, un valor reducido, un nombre, y un símbolo, además en caso de las letras hebreas, un nombre extendido, un significado material y espiritual establecido y un personaje.
Esto sirve al escritor para confirmar mediante el lenguaje de los números lo que esta escribiendo con letras, y sirve al estudioso para comprender mejor lo que se ha escrito.
A pesar de que Juan escribió en griego, que como dijimos era la lengua más difundida en su época, como lo es el inglés hoy día, usó tanto la forma del lenguaje como el sistema de números al estilo hebreo donde muchas veces los números no están expuestos claramente, mencionados como cantidad sino que muchas veces los números están ocultos tras enumeraciones o secuencias.
Cabe destacar que los equivalentes numéricos en griego y hebreo no son iguales, pero muchos de ellos coinciden.
Hay 6 métodos de obtener estos números, desde lo simple a lo complejo, pero aquí lo he resumido ya que no es el objetivo de este estudio enseñar numerología.
Vamos a ver que hay números que destacan en cada versículo, y lo haremos usando un método que es igual para griego y hebreo, pero el significado numérico se los daré de acuerdo al hebreo.
A estas alturas, doy por echo que hebeis escuchado y leido estos versículos como mínimo un par de veces, lo cual es necesario para que notéis fácilmente de lo que hablamos.
Finalmente quiero aclarar, decir e informar, que el uso de estos números no es astrología, ni es numerología, no es para descubrir qué depara el futuro.
Esto se llama gematría y es una ciencia mediante la cual se aplica el conocimiento de los números a la lectura de las Escrituras para su mejor comprensión, como lo hemos hecho en este episodio.
Que Dios los bendiga.
Capitulo 6 Apocalipsis
No olvides oir cada capítulo
varias veces
Para familiarizarte con el lenguaje.
Bendiciones
Bienvenidos a Escuchando para recibir bendición.
Comentario al versículo 3
El versículo 3 enuncia la primera de 7 bienaventuranzas que iremos descubriendo en este asombroso libro.
Feliz el que lea en público estas palabras proféticas y felices quienes las escuchen y hacen caso de este mensaje…
Makarios, es la palabra griega que usó Juan para animarnos a leer, oir y guardar esta profecía. Makarios es un adjetivo que significa feliz, dichoso y bienaventurado.
En este versículo Juan esta citando textualmente al Señor Jesucristo, cuando dijo en Lucas 11:28 ‘bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen’, de esta forma está nuevamente equiparando la Palabra de Dios ya conocida, con el mensaje de esta profecía. Debemos entender entonces, que ambas, las Escrituras anteriores y las palabras de apocalipsis comprenden en su conjunto la Palabra de Dios. Muchos no leen este libro, porque tiene bastante simbolismo, o porque habla del fin de los tiempos o los juicios de Dios o por la razón que sea, y con esa actitud están menospreciando no sólo la Palabra de Dios, sino a Jesucristo mismo, el dador de esta revelación.
Podríamos suponer que a los antiguos les quedaba muy cómodo que alguien les leyera la Palabra de Dios recibida de los profetas, pero no era comodidad solamente, sino que en aquellos tiempos no todos sabían leer, por lo que en un principio, fue Moises el que les leía los mandamientos, ordenanzas y estatutos, luego los sacerdotes levitas fueron los encargados de copiar las Escrituras, custodiarlas y leerlas para el pueblo, incluso los gobernadores, como Nehemias y Esdras al regreso de la cautividad leyeron las Escrituras al pueblo.
La dispersión y la cautividad en Babilonia trajo consigo que por estar lejos de Jerusalén y del templo se instituyeran sinagogas. Sinagoga proviene de una palabra griega que significa “lugar de reunión” o lugar de oración, y es la misma palabra que se traduce como Iglesia.
Para la época de la destrucción del Templo en el año 70, había unas 400 sinagogas en Jerusalén, y por toda Asia Menor, porque se había difundido mucho la lectura pública.
Cualquiera podía leerlas, no necesariamente un sacerdote o rabino. Los niños a los 12 años hacían su primera lectura de las Escrituras.
Sabemos por las cartas de San Pablo que los hermanos se reunían en las sinagogas o en las casas y allí se leían también las cartas que él enviaba.
En Colosenses 4:16 Pablo escribe: “cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, hacer que también se lea en la iglesia de los laodicenses y que la de Laodicea la leáis también vosotros”.
Las Escrituras y las cartas se leían en voz alta para que todos pudieran escuchar. Era un honor que le pidieran a alguien la lectura, y lo hacían con la más absoluta reverencia, para evitar cometer errores en la lectura.
Cuando Juan escribe aqui esta bienaventuranza recordando exactamente lo que había dicho Jesús les está recordando que fue el mismo pueblo de Israel, que tras la primera lectura de los mandamientos, realizada por Moises en voz alta en Exodo 24:7 el pueblo dijo: “Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho y obedeceremos” de esa manera sellaron el pacto con Jehová.
Se que ya se dieron cuenta que volvemos a ver la palabra obediencia, aunque de forma indirecta, y es que es el hilo conductor por el que vamos analizando Apocalipsis. “hacer caso del mensaje”, o como otras traducciones dicen “guardan las cosas en ella escritas”, es obedecer.
Para el pueblo hebreo oir y hacer caso, oir y guardar, es como un solo verbo porque ambas acciones están intrínsecamente relacionadas y es la respuesta lógica de quien escucha atentamente la Palabra de Dios.
Entonces, tenemos que disponer en nuestra mente el obedecer la Palabra.
Bienvenidos a Escuchando para recibir bendición.
Estamos analizando el libro de Apocalipsis, el cual fue escrito según se cree entre los años 96 a 98 de nuestra era, en el primer siglo.
Recordemos que por esos años no habia ordenadores, ni nubes para guardar archivos, ni siquiera había imprenta y la forma de preservar los escritos era copiándolos. Había escribanos que realizaban copias gracias a la tecnología egipcia y el uso de papiros, usando tintas vegetales y de productos del mar. Los papiros se guardaban en jarras de cerámica, cofres de madera o bolsas de cuero, incluso cilindros de metal, para protegerlos de insectos, humedad y preservarlos al paso del tiempo.
Los escribas hebreos hacían las copias de las Escrituras, pero había también escribanos griegos y romanos, que copiaban documentos importantes del estado, cartas y toda otra literatura que ha llegado hasta nuestros días.
De Apocalipsis no tenemos el manuscrito original, Pero se han preservado hasta hoy varios fragmentos, uno de ellos se encontró en Egipto, consta de 26 trocitos de papiro de 9 hojas diferentes. El tamaño de sus hojas es aproximado de 14,5 a 22 cm y contiene 33 líneas en una hoja, en escritura griega.
Fue fechado entre los años 225 a 275 de nuestra era, ya que coincidía comparando con otros fragmentos la forma de las letras alfa, beta, delta, kappa y ni con otros papiros datados en esas fechas.
Este descubrimiento fue publicado en 1999 y ha sido usado y mencionado por traductores posteriores a esa fecha.
Hoy está en el museo Ashmoleano en Oxford. Se catalogó como P115. Se cree que entre los papiros existentes de apocalipsis éste es el más cercano al original.
En el episodio anterior dijimos que fue Juan el depositario de esta revelación.
Continuemos con el versículo 2
“El cual afirma que todo lo que ha visto es Palabra de Dios y testimonio solemne de Jesucristo”.
Tenemos que tener presente que no es una revelación sobre el Señor Jesucristo, sino que es el propio Señor Jesucristo que está dando testimonio del mensaje que le dio el Padre para sus siervos, podríamos decir a la Iglesia. A su vez Juan da testimonio de que lo que le fue mostrado, lo que vio y lo que oyó, proviene del mismo Señor Jesucristo, además testifica que la palabra recibida es Palabra de Dios.
Esto nos devuelve al versículo 1, a la palabra siervo, porque esa palabra también tiene el trasfondo de profeta, ya que en el Antiguo Testamento y en el lenguaje hebreo se usaba la palabra siervo para referirse a los profetas que anunciaban los mensajes recibidos de Dios para el pueblo de Israel.
Un profeta recibía la palabra de Dios, por medio de un angel, o de una voz o un sueño o una visión, ante lo cual caían a tierra paralizados, en extasis total y luego procedían a entregar el mensaje en forma oral o escrita.
Otras dos cosas tenemos que observar en este versículo.
Una, que para dar testimonio de que se trataba del Señor Jesucristo, tenía necesariamente que conocerle, y este es un buen punto para argumentar que el escritor del Apocalipsis es Juan, quien fuera apóstol de Jesús.
Dos, que en el versículo 2 aparece dos veces la palabra testimonio. Este es otro argumento para situar al escritor de apocalipsis, como el mismo autor del Evangelio de Juan y las tres cartas de Juan, que se atribuyen al Apóstol Juan, ya que la palabra que en este versículo aparece 2 veces, es frecuentemente usada por el apóstol en sus cartas y también en el evangelio de Juan.
Además es muy interesante notar que Juan es consciente de que lo que ha visto y escrito es Palabra de Dios, puesto que su declaración la sitúa a la misma altura que las otras Escrituras, las del antiguo testamento que fueron recibidas por los profetas.
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