El verano se avecina con la sutileza de un tren, sube la temperatura, sube la necesidad de despojarse de la ropa y suben las ganas de salir a tomar un tereré o por qué no una cervecita, pero también suben las campañas que dictan cuál debe ser el cuerpo del verano. Dietas de shock, ejercicios insalubres, consejería dudosa y cosméticos milagrosos se promueven con esta idea de “llegar al verano”, que puebla las publicidades de redes sociales y las tapas de revistas. Por suerte, hay personas poniendo un ojo crítico sobre estos movimientos, los intereses que hay detrás y las consecuencias sobre las personas.