Para que una relación funcione tiene que ser libre del peso de los miedos, de la mochila de los celos. Para que funcione tienen que ser amantes y amigos. Compartir las vueltas del camino sin firmar contratos con el destino. Abrazarse, despertarse, y así no soñar solo dormidos. Mirarse, aceptarse, y así no despertar heridos. Para que funcione deben hablarse solo cuando tienen ganas. Sonreírse en las buenas, y no reprocharse nada en las malas. Para que funcione tienen que dejarse ser, ayudarse a abrir las alas aunque corran el riesgo de no volverse a ver. Para que funcione, no tienen que ser perfectos, simplemente se tienen que querer.