UN ÁNGEL
Ella era un ángel, yo un demonio, decidió salvarme, curar mis heridas, abriéndome su corazón en un instante.
Nos encontramos, coincidimos, porque ya estaba escrito y cuando se adentró en mi vida no pensó, me ofreció su compañía, me contó miles de historias, me prometió amor eterno, y me pidió que no la dañase porque ella también, había sufrido las heridas del destino.
Heridas que se escriben con fuego, donde las buenas personas sufren, donde la confianza es traicionada, donde si no se lleva cuidado, te apuñalan por la espalda.
Me sentí identificado, sin apenas darme cuenta, empecé a despertar, recordé mi a veces triste infancia, mis amores pasajeros, incluso felices momentos, y me sentía tan bien con ella, que me estaba empezando a enamorar otra vez de ella, me enamoraba de sus palabras, de cómo lo contaba, de todo lo que había hecho en su vida, sus pensamientos, sus momentos felices, sus amargos momentos, me mostró sus cicatrices, y no paraba de contar.
Me recordó que es fácil quitarse la ropa y tener relaciones, la gente lo hace todo el tiempo.
Pero abrirle tu alma a alguien, dejarlo entrar en tu espíritu, pensamientos, miedos, futuro, esperanzas, sueños…
Que eso es estar realmente desnudo y ella se desnudó frente a mí completamente, y empecé a sentir por ella algo muy especial, algo que más nunca había sentido por ninguna otra.
Son sensaciones que iluminan el alma, algo mágico que va sucediendo, que paraliza el tiempo, sensaciones que nos regalan paz y que sin saber porque, nos invitan a desear cada día un poco más.
Y así pasaban los días, deseando platicar con ella, que me contara que había hecho, que cómo estaba, que cómo se sentía, y todo me lo contaba, lo bueno, lo malo, con quien había hablado, lo que había desayunado.
Pero yo, deseaba más, deseaba poseerla en cuerpo y alma, porque en el averno poco se piensa, y no podía contarle mi secreto, que yo también fui un ángel y por amar a demonios y lastimar ángeles, me enviaron al infierno, y ahora ahí estaba ella, con sus heridas curadas, ofreciéndome su vida, acariciándome el alma, y sin saber porque, yo, la amaba.
Y como todo me contaba, yo también quería contarle, y le conté mi sentimiento; “que sin saber porque, yo, la amaba, que siempre la había amado”, más apenas me conocía, y nuestros tiempos eran distintos, ella luz yo oscuridad, ella alegría, yo tristeza, ella cantando en el cielo, yo ardía en mi infierno y ella, alma blanca, alma pura, que volaba.
Y a pesar de mis maldades, del dolor en mis entrañas, tuve un momento lucido, y si por amar a unos demonios fui un ángel caído, no debía derribar a este ángel puro, venido.
Fui un demonio que la aparto de su amor, de su verdadero ángel, de ella misma, los únicos ángeles en esta historia son ellos, tal vez tenía que conocer el infierno de estar conmigo, para darse cuenta que él la tenía en el cielo, para que él le amase más, mucho más, amarla con el alma, tal vez yo fui el medio para un fin, para que midieran su inmenso amor.
Suena triste, pero es alegre, yo vivo en mi infierno, me acostumbro a mis dolores y si una luz se aparece para aliviar mis pesares, debo cumplir mi promesa, la de jamás dañarla, debo cumplir mi promesa, de protegerla hasta de mí y sin pensar, alejarla...
Pues el dolor que pudiese causarle sería infinito, porque me arranque las alas, y ahora; vivo en mi sitio; y cuando “aparece la mujer de tu vida, tu único amor" no la puedes condenar a convivir en tu infierno, porque ha sido ella, la que te ha enseñado, lo que de verdad significa, amar y merece lo mejor.
Ahora sigo jugando con fuego, añorando a mi ángel perdido, pero de alejarla...
De eso, no estoy arrepentido.
Pues bien sé que entre más lejos este de mí, más feliz es ella, sé que borrando mi recuerdo, se marcará su sonrisa eterna.
Sé que es el precio que tuve que pagar, para lograr su felicidad, y sé que si de alejarme dependiera su paz y felicidad, otra vez me alejaría sin pensar.
Sé que la voy amar eternamente, aunque ella no me quiera más, solo le pido que no me odie, que me recuerde feliz, que entienda si me alejo es para que tenga una vida hermosa, con una familia normal, que si me alejo es por amor de verdad.
Sé que soy la felicitación más odiada, la menos deseada y la más ignorada y sabiendo que trascenderá en el tiempo, sin jamás ser recibida y nunca leída, aunque este lejos y no me piense le deseo felicidad, que sueñe mucho y que despierte siempre con una sonrisa, con ganas de todo, con miedo de nada.
Porque la amo, y eso hace la gente que ama, desear lo mejor, aunque no sea con uno.
Porque ella es un ángel, un ángel que una vez iluminó toda mi vida y merece ser feliz, ser la mujer más feliz de todas y así la voy a recordar siempre, con su bonita sonrisa, con su inmensa alegría.