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Se puede traicionar a una persona, y traerla, de algún sitio, normalmente en el primer sentido la fechoría se realiza con otra persona, una tercera, y en este trío insondable dos no se conocen, y el, o la, que conoce a las, o los, dos, es el que traiciona.
Y se puede traer, llevar, acercar, a las personas a sus casas, trabajos, lugares próximos, etc.
Morfológicamente traer es un verbo irregular (traigo, traes…), y traicionar, no. Por la proximidad fonética de traer con trair (traicionar, por.) se produce una transferencia semántica con traicionar que hace que la conjugación española se realice mirando al verbo portugués y no al español.
La palabra retirarse es más amena y plácida que jubilarse. La primera suena a paz y envejecimiento natural. La segunda es más burocrática y llena de papeles.
Retirarse, dejar de trabajar, el cumplimiento de una etapa, la vida siguiendo su curso inevitable y certero.
En portugués el homófono retirar-se se utiliza en contextos en los cuales surge una pelea dialéctica y uno de los contendientes se retira porque no acepta la discusión, se enfada o rompe el trato.
s muy frecuente confundir los verbos brincar y jugar.
Jugar en portugués sería brincar, pero brincar en español es pular en portugués.
Uno juega con los niños, pero salta una valla.
Después tenemos otros verbos de la familia como por ejemplo, bromear, hacer chistes.
Se bromea, normalmente provocando al interlocutor, con gracia. El chiste es, simplemente, la piada.
Al fin y al cabo, uno siempre acaba teniendo la razón, aunque no para el otro. La sucesión de los días, como caravanas de gitanos, siempre se encarga de disipar los errores y de engalanar los arrestos de vida del individuo. Como los trasquilones del cabello. Al cabo del tiempo acaba por crecer, invariablemente, oculta los errores y recupera las vertientes más insólitas de un peluquero poco diestro.
Vivir ya es tener razón al construir una utopía insólita, llena de intuiciones y de reflejos.
Los únicos que corren el riesgo de quedarse al margen son los pusilánimes, adictos a vivir en el sofá controlando el paso de las nubes desde el mando a distancia.
São Paulo es tan atosigante que el único remedio para no convertirse en polvo es darle la espalda los fines de semana.
Con el paso de los años uno se da cuenta de que es imposible subsistir en São Paulo sin sacudírsela cada cierto tiempo.
Los barrios periféricos son como hijos prematuramente independientes, alejados de los padres y, sugieren un aire de no São Paulo, es decir, es como vivir en São Paulo no estando. Cotia y Jaguaré no tienen Paulista, Rebouças, Faria Lima ni Nove de Julho, y es imposible imaginarse a la Gran Ciudad sin arterias llenas de coches, autobuses, intereses creados y principalmente, ruido.
Todo Paulistano quiere salir, pasear, viajar, enfilar la Marginal, romper, darle un corte de mangas a la Gran Ciudad, vivir en el filo de la navaja ayuda a estar atento, pero a veces es bueno perderse en las cosas de vez en cuando sin buscarle tres pies al gato.
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