Hablar directo puede o no suponer ser educado. O no. El buen uso de los imperativos, la superposición de los argumentos, la aparición frecuente de interjecciones, muchas veces palabras malsonantes con un significado ya vacío del suyo original llaman poderosamente la atención, la consecuencia, la emisión de juicios de valor, casi siempre, los españoles no salimos muy bien parados del examen.