Conocido por algunos como "la bóveda del fin del mundo", el Banco Mundial de Semillas de Svalbard se ha convertido en un depósito en el que se almacenan, se cuidan y mantienen semillas para poder recuperar los cultivos en caso de catástrofe. Allí ya se almacenan las de aceite de oliva, variedad hojiblanca y arbequina, y otras de nuestras materias primas más preciadas.
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