La Habana merece sus regalos de cumpleaños; se los ha ganado; en definitiva, con bondad, desde hace siglos, recibe sin protestas nuestras risas y lágrimas de cada día; si La Habana pudiera erguirse gigantesca y hablarnos nos exigiría cuidarla como a una abuela querida, que la bañemos y dejemos limpia esquina por esquina… Por Liliana Soto Llorca, periodista de Radio Progreso, la Onda de la Alegría.